Crónica del huerto anárquico, un estilo experimental

Dedicado a aquellos que prefieren aprender con la experiencia antes que con el estudio.

Es común que antes de hacer un huerto averigüemos la información correspondiente y planifiquemos qué queremos hacer, incluso uno de los fines de este blog es que puedas encontrar la información correspondiente para que éste te resulte lo mejor posible. Lo ideal es que plantemos lo que corresponde a cada estación, en una tierra preparada de una forma especial, veamos a qué distancia debe estar una semilla de la otra etc. pero esto es simplemente un estilo de huerto, de tantos que se pueden hacer…

Junto a mi madre el año pasado decidimos hacer un huerto, yo venía de la escuela del estudio y ella como una fiel seguidora del programa de televisión “jamie at home” (pensando que Jamie hacía sus cosas al azar) decidió aplicar su propio estilo diciendo “que salga lo que salga”. Para esto preparó la tierra, sembró directamente algunas semillas sin tomar en cuenta si estábamos en la fecha adecuada o si debían partir en almácigo, distribuyó las semillas aleatoriamente en una tierra desnivelada etc. A raíz de esto a su huerto lo llamamos “EL HUERTO ANÁRQUICO”.

Contándoles un poco, ella había sembrado pepino, zapallo italiano, espinacas, betarragas, coliflores y zanahorias dentro de las hortalizas que recuerdo que en algún momento salieron de la tierra (ya que muchas otras, nunca más las vimos). Resultó también que donde mi madre recordaba haber plantado espinaca, salieron coliflores y donde recordaba haber plantado zanahoria estaban ahora las betarragas pegadas unas a otras. Luego de pensar y conversar con algunas personas el tema, concluimos que después de las fuertes lluvias mezclado con el desnivel de la tierra, las semillas se desparramaron por diferentes partes del huerto, acumulándose en algunas partes más que en otras.

Después de un tiempo comenzamos a ver los frutos de las hortalizas plantadas, y aquí llegó la hora de la verdad: Todo lo que se plantó en el centro del huerto no se dio, creemos que la preparación de la tierra no quedó homogénea. El pepino y las zanahorias nunca dieron fruto, los zapallos comenzaron a crecer pero aún estando guaguas se podrían, las betarragas y las espinacas crecieron muy pequeñas pero fueron comestibles, y lo único que se dio bien fue la coliflor.

No sabemos qué hubiese pasado si es que este mismo huerto lo hubiese hecho de un modo más estudiado, pero creemos que hubiese dado mayores y mejores frutos. De todas maneras esta forma de hacer huerto es recomendable para aquellas personas que no les gusta leer o estudiar, que prefieren aprender en la práctica experimentando y acercándose intuitivamente a las cosas. De esta experiencia de ensayo y error, junto a mi madre pudimos extraer muchos aprendizajes que los tomaremos en cuenta para nuestro próximo proyecto de huerto.

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